Se deja caer apacible en tu interior, inclusive cuando para recaudarla has de servirte de tenacillas, de pinzas que soslayen los órganos sensibles a los cuerpos extraños, a la vez que agradecen ver que no persiguen más que liberar la opresión de la felicidad. Tus órganos, poco a poco, se amoldan, algunos sonríen, !los músculos!; las articulaciones se arquean haciendo hueco, ya no enferman, se redimen, se alegran, se contagian, no flaquean, notan que sanan, que sanas.
Tu felicidad sólo la hallas viviendo, apostando fuerte, rechazando la mala suerte, subsanando los errores, leyendo algún que otro secreto y regalando paz y armonía.
Por no más de un día triste. Allá va otro intento. Un beso.
Ponmaluso-Mariquilla.