Acércate cada mañana a despertarlas y descubre los aposentos en los que se han convertido sus dormitorios, retira la seda que cubren sus caritas tapadas y sonríeles mientras las llamas princesas. Reposa el tiempo en una cama, y piérdete derramando juegos y miradas. Pídeles que comiencen el día sin pedirles nada, lo harán si están felices, desayunarán si te ríes de tus lagañas y antes de que te des cuenta, abrirán solas la puerta de entrada.
Para entonces, no pesaran las lagañas sino la falta de ayer, mis pasos observarán los suyos desde la esperanza. Intuyo que siempre seré joven para ellas más joven si cabe cuando me "vean" vieja.
En estos días me acompaña la música de Joan Baez, por ello van tres entradas "embriagadas" de ella. Me fascina la andadura de esta mujer, sus principios coinciden con sus hechos. !Qué cosa tan rara!, ¿no?, en los tiempos que corren.